Estamos pasando por la vida sin vivirla

Decrecer

Parar para poder seguir,
callar para poder hablar,
decrecer para poder crecer,
desposeer, para poseer.

¿Trabajar para vivir,
o vivir para trabajar?

Día a día observamos el ritmo frenético de las personas que trabajan aquí, o allí. Día a día tenemos que ver cómo madres y padres sin tiempo para sus hijos/as agradecen el día que pueden salir un poco antes (a la hora) para poder estar con sus familias. Día a día vemos personas cansadas, estresadas, ahogadas en su trabajo… Día a día vemos personas que no viven.
Personas que se desplazan por las calles de forma mecánica, siempre con un destino, siempre con algo que hacer, siempre sin tiempo para mirar alrededor, para disfrutar de los detalles, sin tiempo ni costumbre de mirar a la cara a las personas con las que se cruzan por la calle. Personas que incluso automatizan sus hobbies, porque en esta sociedad no puedes permitirte parar, ni siquiera para coger aire. Personas que no se preguntan ¿Estoy haciendo lo que quiero, o estoy haciendo lo que se supone que debo hacer o lo que la inercia me obliga a seguir haciendo?

Hoy queremos haceros un regalo en forma de texto. Un maravilloso artículo que nos habla de la importancia de vivir despacio. Elogio de la lentitud

“Creo que vivir deprisa no es vivir, es sobrevivir.
Nuestra cultura nos inculca el miedo a perder el tiempo,
pero la paradoja es que la aceleración nos hace desperdiciar la vida.”

“Hoy todo el mundo sufre la ENFERMEDAD DEL TIEMPO:
la creencia obsesiva de que el tiempo se aleja y
debes pedalear cada vez más rápido”

“La velocidad es una manera de no enfrentarse a lo que le pasa a tu
cuerpo y a tu mente, de evitar las preguntas importantes…
Viajamos constantemente por el carril rápido, cargados de emociones,
de adrenalina, de estímulos, y eso hace que no tengamos nunca el tiempo
y la tranquilidad que necesitamos para reflexionar y preguntarnos
qué es lo realmente importante.”

“La lentitud nos permite ser más creativos en el trabajo,
tener más salud y poder conectarnos con el placer y los otros”

“A menudo, TRABAJAR MENOS significa trabajar mejor.
Pero más allá del gran debate sobre la productividad
se encuentra la pregunta probablemente más importante de todas:
¿PARA QUÉ ES LA VIDA?

Nos prometieron que la tecnología trabajaría por nosotros y que seríamos más felices, pero hay estadísticas que demuestran que trabajamos 200 horas más al año que en 1970 y la insatisfacción vital y la velocidad definen nuestro tiempo.

Sabemos que no es fácil. No se trata de una elección personal, sino del ritmo socialmente marcado para producir, producir, producir… La forma de trabajar aceptada (pero no por ello poco cuestionada, ¿acaso nos hemos parado a aceptarla?) para poder consumir, consumir, consumir… para poseer.
Para poder hacer un listado de posesiones tangibles, medibles, monetizables… la pregunta es ¿Cuántas experiencias tienes en tu lista? o lo que es más importante: ¿Cuántos días, de tu día a día, pondrías en un lista de experiencias gratificantes? ¿Cuántos días de tu vida (cotidiana) repetirías si pudieses?

Vivimos en un sociedad en la que trabajamos de lunes a viernes (las/os afortunadas/os) sin respirar, sin vivir, sin darnos cuenta, sin pararnos a mirar los detalles, para poder disfrutar “plenamente” los fines de semana, las vacaciones… Convertimos el día a día en un puro trámite para alcanzar, poder permitirnos, merecer los momentos en los que podemos relajarnos, parar, VIVIR (y resulta que pocos/as conseguimos disfrutarlos plenamente)

¿Compensa?
Nosotros/as estamos seguros/as de que no.
No compensa pasar por la vida sin mirar, sin parar… 340 días al año, para vivir 25
No compensa. Estamos tomando, sin decidirlo, el camino equivocado.

Se nos están pasando las pequeñas grandes vivencias, estamos disfrutando de ciudades a las que viajamos, sin disfrutar de la ciudad en la que vivimos. Estamos trabajando para poder hacer regalos a nuestros seres queridos porque no podemos pasar tiempo con ellos.
Estamos pagando comidas en restaurantes, mientras durante la semana comemos solo para sobrevivir.
La prisa nos hace vivir con inercia, la inercia nos hace convertir cada cosa que hacemos en una simple gestión. Y no disfrutamos de las gestiones, disfrutamos de los pequeños placeres, y para disfrutarlos tenemos que tomarnos el tiempo necesario para vivirlos.

Nos estamos olvidando de vivir. Nos estamos olvidando de relacionarnos con otras personas. Estamos viviendo en la superficie de nuestras vidas, y tal vez, cuando nos demos cuenta, sea demasiado tarde.

La hiperactividad actual nos lleva a vivir por inercia, dedicando toda nuestra energía a metas externas que se oxidan con el paso del tiempo y olvidando las cosas importantes de la vida.

Somos esclavos de los horarios, del ruido, del consumo, de la hipoteca y de lo que se espera de nosotros, y eso equivale simplemente a sobrevivir pero no a vivir consciente y responsablemente.

“Lo que denuncio no es la rapidez en si misma, sino que vivimos siempre en el carril rápido y hemos creado una cultura de la prisa donde buscamos hacer cada vez más cosas con cada vez menos tiempo, que hemos generado una especie de DICTADURA SOCIAL que no deja espacio para la pausa, para el silencio, para todas esas cosas que parecen poco productivas. Un mundo tan impaciente y tan frenético que hasta la lentitud la queremos en el acto.”

“La velocidad en si misma no es mala. Lo que es terrible es poner la velocidad, la prisa en un pedestal…Al principio era sólo el terreno laboral pero ahora ha contaminado todas las esferas de nuestras vidas, como si fuera un virus: nuestra forma de comer, de educar a los hijos, las relaciones, el sexo… hasta aceleramos el ocio. Vivimos en una sociedad en que nos enorgullecemos de llenar nuestras agendas hasta límites explosivos”

No podemos ofreceros un cambio en la sociedad, no podemos ofreceros un cambio en los marcos laborales de vuestras empresas. No podemos cambiar mucho, solo vuestra mirada. Para poder ver el mundo con otros ojos, tenemos que saber mirar, a lo simple, a los detalles. Cuando puedas verlos, querrás disfrutarlos.

En Centro de Negocios Seavi queremos gente con tiempo. Gente que deje de trabajar al salir por la puerta de la oficina. Personas que vean crecer y disfruten de sus hijos/as. Personas que vivan. Intensamente. Sin miedo. Con ilusión. Todos los días.

 

1 Comment on Estamos pasando por la vida sin vivirla

  1. Paloma
    04/11/2015 at 6:35 pm

    Cuánta verdad

    ¡Muy bonito!

    Asusta leer estas cosas y saber que estoy haciendo justo eso

    Responder

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